Inmersiones

 
Nombre Descripción Tipo Nivel Profundidad
La Garita Caida rocosa a la arena. Fauna bentonica Fondo mixto Principiante 2-12 m
La Piscina Plataforma rocosa con caida. Bentonica y algun pelagico Fondo rocoso Open 9-25 m
La Pared Pared vertical muy rica en Bentonica. Ideal para fotografia macro Fondo rocoso Open 4-25 m
El Agujero Plataforma con caida. Fauna abundante Fondo rocoso Open Water 4-25 m
Pecio del San Andres Pecio a palas d el siglo XIX. Fauna Pelagica, Lunas, Pargos, etc Fondo mixto Avanzado 30 m
Marroqui de Levante Plataforma con caida. Fauna abundante. Restos e barcos Fondo rocoso Avanzado 4-30 m
Marroqui de Poniente Plataforma con caida. Fauna Abundante. Bentonica y Pelagica Fondo rocoso Avanzado 4-30 m
Pecio de las Calderas Pecios del siglo XIX. Abundante Fauna y restos Fondo rocoso Open Water 10-18 m
Los Pasillos Gran Caos de Bloques.Riquisima bentonica Fondo rocoso Open 10-18 m
El Almirantazgo Fondo arenoso. Pelagicos. Campo de Laminarias Fondo arenoso Avanzado 30 m
Placer del macro Extenso caos de Bloques. Muy rica Bentonica. Nudibranquios Fondo rocoso Open Water 12 m
Primera Pared Largo arrecife. Rico en bentonica. Anclas Fondo rocoso Open 4-18 m
El fenicio Bloques repartidos. Fauna arenosa y bentonica Fondo arenoso Principiante 10 m
Las calles Serie de calles perpendicular a las Costa. Rica en fauna y anclas Fondo rocoso Open Water 8-18 m
Pecio Las Gorgonias Pecio hundido a primeros del XX. Vapor. Rico en fauna pelagica Fondo arenoso Avanzado 32 m
Pecio Puerto Pajares Pecio hundido el el XX. Excelente conservacion. Pelagicos Fondo arenoso Avanzado 32 m
La Caldera Nueva Pecio del Siglo XX. Restos muy repartidos. Fauna Bentónica. Fondo mixto Avanzado 30 m
Laminarias de Levante Campo de Laminarias ( Laminarias Ochroleuca ) Fondo mixto Avanzado 30-35 m
FOTOS DE NUDIBRANQUIOS Posiblemente lo que mas te gustara de Tarifa Colección todos todas

DESCRIPCIÓN

Una vieja garita, situada sobre el acantilado de la Isla de Tarifa, da el nombre a esta inmersión. Aunque en realidad de lo que se trata, es de la cara norte de Isla de las Palomas. La inmersión, comprende las zonas de la “Playa del Rinconcillo”, “El Espigón”, “Las Tres Piedras”, “La Cueva del Nido”, “Los Acantilados de Visera”, “La Playa del Nido”, “El Nido”, “La Punta del Nido” y “La Puntilla”. Cuando hablamos de “Nido” nos referimos al bunker o “nido de ametralladoras” existente sobre el acantilado, como popularmente lo llaman los tarifeños. En la antigüedad fue fondeadero de naves fenicias y romanas durante los temporales de sudoeste y mar de levas. Testigo de esto son las numerosas anclas fenicias en forma de piedras de molino abundantes en el fondo.

LA INMERSION

En la actualidad es un buen recurso para el buceo en invierno, especialmente para los fotógrafos con lentes macro, donde las inmersiones al resguardo de vientos y mareas son interminables para el barquero. El fondo en general está constituido por un talud o terraplén que desciende desde los dos metros hasta los doce en su cota máxima, donde el fondo se aplana en arena.

El talud está constituido por rocas de pequeño porte entre algunas mayores de hasta tres metros de altura. Usualmente el barco fondea a la altura del “Acantilado de Viseras” a una profundidad de 4 m. Como es lógico la inmersión comienza por el fondo hasta “La Piedra de la Brótola” situada cerca del “Nido”, a unos 80 m del fondeo. “La Piedra de la Brótola” se trata de una gran roca poblada en su mayoría de fauna bentónica. Esta piedra por su cara norte presenta una cavidad de unos 50 cm de altura, con el sustrato de arena donde suele estar una brótola y uno o dos bogavantes, con la correspondiente colonia de quisquillas limpiadoras. El techo de la cueva está totalmente poblaba de pólipos de astroides (Astroides calycularis), esponjas de diferentes colores, ascidias, cnidarios y un largo etc. Rodeando la cueva hacia el sur, esta misma piedra nos ofrece varias cavidades de pequeño porte totalmente pobladas. Dependiendo de la época del año, las acidias tienen diferentes formas y sobre todo el colorido de Tarifa nos viene representado por el gran número de nundibranquios, siendo el más común en esta zona la Flabellina affinis.

Al final del verano, algunas partes de los sustratos de algas, especialmente las rojas, presentan un tono azulado, por la multitud de alevines de esta especie que las cubren. Tomando como referencia “La Piedra de la Brótola”, y como final de nuestro paseo, las opciones son diversas: bucear sobre fondo rocoso o sobre fondo arenoso. Sobre el fondo rocoso es quizás la más divertida, en cuanto a diversidad biológica nos referimos. Pues bien, si desde el nido avanzamos hacia el oeste y a una profundidad de 8 m, la diversión está asegurada en cuanto a pequeña vida nos referimos, sin menospreciar la vida pelágica representada por los bancos de besugos, bogas, jureles, etc. Una vez situados sobre los “Cantos de Visera” y si nos acercamos a las paredes de la Isla, con una profundidad de 3 m, observaremos con toda claridad los muros repletos de Astroides calycularis, y numerosas oquedades, donde habitan un sinfín de vida bentónica, especialmente crustáceos, destacando el camarón espinoso, muy difícil de ver, ya que se encuentra bastante escondido, el cangrejo peludo, morenas, etc., hasta llegar a una cueva de unos 10 m de profundidad, donde las quisquillas son abundantes, así como los santiaguiños y las nécoras. Si desde aquí volvemos al fondeo nos podemos entretener con las anémonas sulcatas, que si las observamos con detalle y con un poco de suerte podemos apreciar uno de los crustáceos más inverosímiles de Tarifa, la gamba suculenta Periclimenes sp. de muy bonito colorido y belleza singular. Si nos decidimos por la opción que discurre sobre el fondo arenoso y en dirección al “Tanque del Gasoil”, podremos apreciar a las sepias en su corte de apareamiento o generalmente enterradas en la arena, y ya casi abandonando la arena, con las piedras a la vista una piña de mar Phallusia mammillata, toda una gran ascidia solitaria en agua libres. Si todavía nos queda aire, y cerca del ancla, durante los últimos minutos los blenios jugarán al escondite ante nuestra presencia.

DESCRIPCIÓN

Unas rocas en la misma playa de “Los Lances”, anuncian su comienzo.

LA INMERSION

Existen unas nueve calles como esta, aunque tan sólo buceamos en una de ellas. Se trata de estratos verticales de arenisca, que afloran desde el fondo en forma más o menos vertical, desde los 18 m a los 12 m de profundidad.

El barco fondea sobre un estrato de una de las calles. El ancla se sitúa a doce metros aproximadamente, normalmente visible desde el comienzo de la inmersión. Desde este punto podemos ver dos calles claramente definidas, a derecha e izquierda. Sobre el estrato hay dos vertientes, una vertical y otra que se desliza suavemente hacia la arena. Aunque la más interesante es la que cae en vertical, la otra puede depararnos alguna sorpresa. La pared tiene unos 5 m de altura, totalmente tupida de esponjas rojas (Crambe crambe) dándole un aspecto alfombrado y de fuerte colorido, mientras los astroides buscan un hueco donde ubicarse entre ellas. A la vez que gorgonias Eunicella singularis, decoran el fondo y la pendiente con pinceladas blancas. El fondo en principio rocoso, está formado por lascas que se han desprendido de la pared, formando oquedades entre ellas y entre las que podemos ver algún mero escondido, un abadejo o una gallineta sobre la arena, y si buscamos incluso algún torpedo. A veces algún pez San Pedro, o un cochinillo solitario merodea por el entorno. Si navegamos dirección oeste, es decir, por la pared buscando más fondo y por la base de ésta, no tardaremos en encontrarnos con anclas de diferentes formas y tamaños. En forma de U en forma de V, cepos romanos, almirantazgos, rezones, etc.

Muchos fueron los que aquí fondearon y perdieron sus lastres. Hasta el siglo XIX, la Isla estaba separada del continente por una lengua de mar. Los galeones y otros navíos, cuando se veían sorprendidos por el levante, se refugiaban a sotavento de la Isla (zona en cuestión) fondeando y a veces perdiendo sus anclas. La pared tiene numerosas oquedades donde cohabitan ascidias, peces ventosa, cardenales, gambas rojas, etc., y en alguna cueva mayor, algún mero o una langosta. Pero es en los rotos donde la vida se diversifica en todas sus facetas, ofreciéndonos un alto en el camino a la vez que dejamos de aletear y disfrutamos del lugar. No olvidemos que estas calles no son muy conocidas y se encuentran casi vírgenes por la mano del hombre. No debemos despistarnos en estos corredores, ya que un cambio de calle nos desorientaría con el consiguiente nado durante la vuelta al barco. Aunque la pared nos va ir dando numerosas sorpresas, debemos de volver en el momento adecuado (120 bares) para que la vuelta sea segura.

Si no queremos volver por el mismo sitio, una buena idea es hacerlo por encima de la pared, donde veremos equinodermos, pepinos de mar, escribas y erizos. Observaremos sobre todo bancos de bogas que coronan las crestas de las calles. Sorprendiéndonos a veces por los destellos plateados de los cardúmenes. El ancla aparecerá sobre la roca, mientras compañeros irán apareciendo del “Azul” para el destino final, el barco.

DESCRIPCIÓN

Se trata del campo de algas laminarias de Andalucía más asequible para la visita del buceador. Es de fácil acceso y se encuentra a una profundidad aceptable para la práctica del buceo. Cuando hablamos de laminarias lo estamos haciendo de las algas laminarias en general, si bien en Tarifa están representada por varias especies. El campo está situado en la cara de levante de la Isla y va desde “La Puntilla” hasta “El Agujero”. Aunque es mucho más extenso, es esta zona la más interesante y visitable por el buceador.

Existen más campos de laminarias pero no son accesibles con tanta facilidad, como los de la cara de poniente y los de “Los Cabezos”. La visita a este campo sólo debe hacerse cuando la marea está en reparo, es decir, justo en la pleamar o bajamar; preferentemente en la pleamar, cuando los coeficientes de mareas son altos. Aunque siempre hay que cerciorarse de que no hay corriente durante la aproximación a ellas, ya que en Tarifa, a veces, los planes de mareas no se cumplen y una retirada a tiempo puede ahorrarnos algún disgusto.

No olvidemos que estamos hablando de mareas de hasta 4 nudos, cuando los coeficientes de marea son muy altos. La época más interesante para su visita es en verano, que es el momento en el que están en su mayor esplendor, con su típico color verde oscuro y sus frondes de hasta cuatro metros de altura erguidos hacia la superficie. Bucear entre ellas es toda una experiencia. En otoño e invierno, debido a los fuertes temporales, se pierden muchas de ellas y estas suelen verse en el fondo o entre las rocas.

LA INMERSION

El barco fondea en la primera ensenada que la Isla nos presenta por su cara de levante, denominada “La Piscina”. Una vez en el agua y desde el fondeo, tomaremos rumbo este. Después de una bajada entre bloques y sobre los 22 m de profundidad, el fondo se aplana y comienzan a aparecer cascajos de rocas que configuran el fondo, hasta que a los 25 m, aparece una roca de unos 10 m de longitud con una veintena de tallos coronándola casi en su totalidad. Se denomina “El Macetón” y son las primeras laminarias que podemos encontrar en esta inmersión. Tras detenernos en “El Macetón” y tomando rumbo sur, comienza el campo propiamente dicho. La especie más abundante es la Laminaria ochroleuca, que se agarra al fondo, a cualquier sustrato duro, principalmente a rocas, habiéndose visto también sobre ánforas romanas, anclas, etc. Se trata de un paseo inolvidable el bucear entre estas algas, ya que siempre tiene un especial encanto, bien con un poco de corriente asemejándose a banderas al viento, o bien en plena calma, con sus largos frondes que suelen llegar al fondo. No se conoce con exactitud la superficie que comprende el campo de laminarias, siendo aconsejable no bajar a más de 25 m, buceando en dirección sur y paralelos a la Isla. Hay que tener cuidado porque a veces comenzamos la inmersión con los frondes en un sentido y repentinamente, sin darnos cuenta cambian de dirección debido a la corriente, pudiéndonos despistar para el regreso. Durante este paseo podemos apreciar también una rica fauna asociada a las laminarias: lenguados, congrios de arena, mojarras, doncellas, estrellas de arena, alguna raya... A veces las tortugas bobas se suelen ver en verano, bien acercándose a las rocas o simplemente descansando en el fondo. También es frecuente toparnos con algunos peces luna que visitan la costa para alimentarse y en busca de peces limpiadores para desparasitarse. Entre las esponjas podremos encontrar la Cliona viridis, que a veces suelen ser de dimensiones aceptables y que muchas veces pasan desapercibidas, por su color y forma rocosa. La vuelta al barco es con rumbo oeste, o si nos hemos fijado a la ida, una práctica de navegación natural nuca nos vendrá mal. En nuestro lento pero necesario ascenso hacia la superficie, podemos visitar, bien los bloques de “La Piscina” en su zona norte o bien el talud en su zona sur. Todo un sinfín de rocas y oquedades donde podemos distraernos mientras ascendemos al barco

DESCRIPCIÓN

Es la primera de las numerosas paredes de que consta la Isla de Tarifa, siendo un anticipo de lo que podemos encontrar en la “Punta Marroquí”. En realidad se trata de un balcón natural submarino, que va desde “Piedra Campana” a “El Agujero”. El tajo tiene una longitud de unos 80 m de largo por 10 m de alto y comprende los siguientes lugares: “Piedra Campana”, “El Caño de la Meseta”, “Playita de la Meseta” y “La Puntilla de la Meseta”. Esta es una de las inmersiones menos conocidas de Tarifa, entre otras razones, porque a la mayoría de los buceadores les gusta los pecios y la profundidad (prefieren bajar al muy cercano pecio “San Andrés”). Aquí no es necesario bajar a más de 18 m porque con una pequeña dosis de sensibilidad y ganas de ver fauna es suficiente. La hora más aconsejable para hacer esta inmersión es por la mañana y no después de las dos de la tarde. Más tarde sería desaconsejable, porque la misma pared nos hace de sombra y el colorido no es tan intenso.

LA INMERSION

El barco fondea justamente en la boca de la segunda cala en dirección sur, llamada “Playita de la Meseta”, de poco fondo, rocoso y decorado con marmitas, cada una de ellas con una o varias rocas dentro, por las que han sido esculpidas, con los siglos, por el levante. Si la marea está creciendo, una de las rutas más bonitas es llegar hasta el “Caño de la Meseta”, con una profundidad de 2 m, desde donde, y con caída vertical, podemos llegar hasta los 18 m, encontrándonos justo en la base de “Piedra Campana”. Poco tendremos que navegar para disfrutar de la inmersión, ya que la pared y su base nos va ofreciendo paulatinamente oquedades con muy diversa vida, sobre todo bentónica. abundantes, esta última casi siempre acompañada por el gobio leopardo (Thorogobius ephippiatus). Pero es la pared en sí, totalmente cubierta de las algas calcáreas (Pseudolithophyllum expansum), la que va a llamar nuestra atención por su colorido violáceo y a la vez cubierta de bancos de peces tres colas. Si observamos el fondo en este punto, un talud de restos de estas algas forman el único fondo de Maërl, existente en la Isla. Sobre el fondo veremos morenas, pulpos y si observamos en las oquedades más profundas, algún bogavante.

Si continuamos dirección sur, la pared irá perdiendo altura, hasta quedarse en unos 8 m. Justamente, en un giro a la derecha, nos encontraremos con un pasadizo en forma de tubo ascendente que nos lleva hasta casi la superficie. Si optamos por pasarlo, debemos hacerlo de uno en uno (un solo buceador) no por su dificultad, sino porque las paredes interiores están completamente pobladas de astroides y pequeñas gorgonias, por lo que hay que tener cuidado de no tocar estos seres tan sensibles, para no dañarlos. Si volvemos a la entrada del pasadizo, la pared toma más altura dirección sur, llegando a los 18 m y hace otro nuevo quiebro a la derecha, con nuevas oquedades repletas de vida. Posteriormente, la pared de nuevo comienza a perder altura.

A la derecha una diaclasa, de unos tres metros de altura despide a la pared hasta convertirse, sin darnos cuenta, en un terraplén que desciende suavemente desde la Isla a los 20 m, donde se encuentra con la arena. Este terraplén con numerosos bloques, no es ni más ni menos que un descanso, porque pronto aparecerá otra nueva pared, la correspondiente a “El Agujero”, que trataremos en otra inmersión.

DESCRIPCIÓN

Para unos, “El Boquete” y para otros “La Cueva”. De lo que en realidad se trata es de un tubo o sifón, que comunica la Isla con el mar abierto en la cara de levante, dando el nombre a la inmersión. “El Agujero” es tan solo claramente visible desde el mar, en los reparos de bajamar y con coeficientes de mareas muy alto. Desde el punto de vista topográfico, la inmersión, se trata de la continuación de la pared anterior rota por la “Playa de la Meseta”, que nuevamente se eleva hasta la “Piedra Negra”, a la vez que el fondo se ahonda.

LA INMERSION

La inmersión comprende los siguientes lugares: “Puntilla de la Meseta”, “Bahía Redonda”, “Cueva Pasante”, “Cueva de los Percebes”, “El Saliente del Faro”, “Piedra Partida”, “Piedra que se Mueve”, “Piedra Negra” o “Pitiflor” y “Poza del Placer del Faro”. El barco fondea en la plataforma a 4 m de profundidad, justo delante de la calita que da a “El Boquete”, la llamada “Bahía Redonda”. Se trata de una inmersión fácil de hacer con los reparos de marea y con vaciante, pero no debemos hacerla con creciente, ya que en un despiste la marea podría desplazarnos fácilmente hacia el Estrecho.

Dicho esto, y si las condiciones son buenas, vamos a disfrutar de una inmersión que se desarrolla sobre una caída vertical. Como siempre dejaremos el cantil para el postre, porque comenzaremos por la parte más profunda, como es lo más recomendable. Si hay un poco de corriente en el descenso, tenemos que pensar que en la base de la pared habrá un poco más. Bucearemos tan sólo cuando la inmersión sea agradable, sino lo mejor es volver al barco y cambiar de sitio. Si algo bueno tiene la Isla de Tarifa, es que se puede cambiar de sitio, cuando el primero no es bueno. Los bloques que forman el fondo a una profundidad de 18 m van aumentando de tamaño a medida que también aumentamos la profundidad.

Lo más aconsejable es no bajar por debajo de los 20 m, ya que la vida existente hasta esta profundidad es suficiente, a la vez que podemos estar mas tiempo sin entrar en descompresión. Entre los bloques existen tres Cerianthus membranaceus, de considerables dimensiones. Son de tallos grueso y, si nos fijamos en sus bases, otros anélidos en forma de copo de nieve los decoran. En la pared y a la izquierda, en dirección sur, aparece una diaclasa alta de unos seis metros. Con solo adentrarnos un poco en ella apreciaremos que está totalmente colonizada por ascidias, anélidos y cnidarios y con un poco de suerte podremos apreciar al oculto camarón Stenopus spinosus, de inconfundible color naranja con sus pinzas delanteras desproporcionadas con su cuerpo.

DESCRIPCIÓN

El nombre del San Andrés, proviene del lastre que este Navío poseía en su interior. Presumiblemente, las planchas de plomo, fueron fundidas en Málaga ,en la Fundición del San Andrés, cuyo propietario D. Manuel Heredia, era el esposo de una de las tripulantes del Barco.

El San Andrés es un Vapor de Palas, construido en Inglaterra en el 1.853. Que posteriormente fue fletado, para hacer la travesía Málaga-Sevilla, durante el año 1.856. Desafortunadamente durante la travesía del Estrecho de Gibraltar, fue embestido por una Fragata inglesa, La Minden, sobre las diez de la noche, produciéndose el hundimiento en breves minutos. Mucha de la tripulación, pudo alcanzar la isla de Tarifa, pero desafortunadamente perecieron sesenta y cuatro personas de las ochenta y dos que viajaban en él.

En la actualidad el Pecio, reposa en la cara Este, de la isla de Tarifa. A una profundidad de 25-45 mtrs. Siendo su visita accesible, casi todo el año, tan solo evitar las inmersiones en el, durante mareas vivas y sobre todo con la marea de creciente y siempre, si el Levante nos lo permite.

LA INMERSION

En general es una inmersión simple, siempre que la hagamos a la hora adecuada. Fondeados a 4 mtrs, cerca se acerca el Cantil , que no es, ni mas ni menos, que el comienzo de Punta Marroquí. Una vez descendiendo éste, nos encontramos a –18 mtrs. Los tres colas nos rodean pero no debemos entretenernos, porque tenemos que comenzar desde el Pecio. Comenzamos a ver su Proa y el Puente, que se semeja a un templo Griego. Columnas, que en la antigüedad, soportaban las Grandes Ruedas, de unos seis metros de diámetro, que reposan a ambos lados del siniestro. Grandes hierros por doquier tupidos a astroides calycularis, centollos, bogavantes, meros, congrios, etc. No es aconsejable bajar mas allá del Puente, ya que l a siguiente caida es –45 mtrs.

Comentan los Tarifeños que antiguamente se solían encontrar botellas de Tónica. De lo que se trataba eran botellas agua de soda con las inscripciones:

HODSON´S

SODA WATER

BEDFORD STREET 24

COVENT GARDEN

y que en la actualidad no suelen verse. E ascenso del Pecio no es menos bonito. Pues desde los –18 mtrs. En Cantil se ilumina de naranjas, amarillos, verdes, etc, que siempre nos dejará un buen sabor de boca, para volver a intentarlo de nuevo.

DESCRIPCIÓN

Para los hombres de la mar, la “Punta Marroquí” es la visible, la que claramente se ve en la bajamar. Se trata de la punta más septentrional de la Europa continental y el punto más cercano entre la Península Ibérica y el continente Africano. Es un cabo expuesto a las continuas corrientes, por lo que genera una gran biodiversidad inexistente en otro lugar. Para los buceadores, “La Marroquí” es una meseta submarina, que a una profundidad de 4 m de media, se adentra en el mar unos 300 m. Discurre desde levante a poniente comprendiendo un arco de unos 500 m. Sobre ella aparecen dos piedras, testigos de corrientes y una tercera, que en realidad se trata de una vieja caldera de algún barco de vapor hundido en el pasado. Pocas son las inmersiones que se pueden hacer en ella si no son planeadas. Es decir, el buceo hay que practicarlo con reparos de mareas y con buceadores de cierto nivel. No solamente por la seguridad de los buceadores, sino también por la seguridad del entorno.

LA INMERSION

El barco fondea a una profundidad de 4 m. Desde éste se ve la plataforma, que se encuentra bajo nosotros. Siempre abortaremos la inmersión cuando la corriente sea muy fuerte. Lo más aconsejable es, después de reunidos en el ancla y formados los grupos, dirigirnos al cantil. El cantil, por su gran tamaño, es imposible verlo en una sola inmersión. Este se nos presenta en forma vertical y con extraplomos, con caída hacia el levante, formando cuevas en su base, siendo estas de fondo arenoso. Restos de naufragios, cuadernas, mamparas, chimeneas, tubos de escape y demás partes irreconocibles de barcos, van apareciendo a lo largo de “La Marroquí”.

Las paredes que comienzan en la “Piedra Negra”, lo hacen en extraplomos y se van haciendo verticales a medida que avanzamos hacia el sur. Los 300 m de pared va cambiando de aspecto: algunas veces se rompe y aparece un caos de bloques en el fondo y otras veces continúa totalmente vertical. Pero lo más impresionante de este cantil es la vida existente en él que va aumentando a medida que avanzamos, a la vez que el fondo, en su misma punta. El cantil está cubierto en su totalidad de vida bentónica. Algas pardas y rojas, cnidarios, y briozoos, componen el manto que lo cubre.

Como siempre en las oquedades de la base de la pared es donde están más representados todos estos organismos, sobre todo en los sitios menos iluminados por el sol. En cuanto a fauna pelágica, dependiendo de la época del año, podremos ver peces limón, abadejos, meros, sargos, salemas, lisas, lubinas, etc., que nadan libremente, sobre todo cuando hay un poco de corriente y están a la caza del pequeño.Durante su recorrido nos vamos a encontrar con anclas almirantazgo, calderas, anclas danforth, cables de acero, etc. Todo un testimonio de los acontecimientos ocurridos en esta punta y de lo peligrosa que puede llegar a ser para la navegación. Sobre los 45 m también podremos encontrar cinco piedras de molino. La vuelta al barco es fácil. Cantil de vuelta con cuidado de no pasarnos porque la corriente a veces se presenta sin avisar y su fuerza nos pueda poner en algún aprieto. De todas formas los centros de buceo suelen tener una neumática de apoyo, para estos casos.

DESCRIPCIÓN

Aunque muy parecida topográficamente a la de “Marroquí de Levante” en cuanto a la vida que alberga es totalmente distinta. La zona está comprendida entre la “Piedra del Jabón” y la “Punta Marroquí”. Tiene aproximadamente unos 250 m de longitud. Como siempre y en los cabos como “La Marroquí”, lo ideal es hacer la inmersión en reparos de marea, bien en bajamar o en pleamar. También se puede hacer con un poco de vaciante o de creciente. Pero nunca con mareas muy vivas o de coeficientes altos.

LA INMERSION

El barco fondea sobre la plataforma y cerca del cantil a 4 m de profundidad. Este fondo casi plano alberga poca vida, si bien se ve tapizado, la mayoría del año, por algas rojas. Pocos son los desniveles que sobre la plataforma podemos apreciar. Aquí nos solemos encontrar con algún pulpo, morena, etc., aunque lo más normal es que nos topemos con numerosos y antiguos plomos de pecadores de caña de otros tiempos, cuando era práctica habitual la pesca en esta zona. Ya desde el ancla se aprecia el cantil y “El Azul” debajo. Se trata de un cantil sin apenas extraplomos, de entre 8 m y 12 m de altura. En su primera parte, cerca de la “Piedra del Jabón”, forma cuevas en su base con fondo arenoso. Más adelante, hacia el sur, las rocas aumentan de tamaño ocupando por completo el fondo, llegando a desparecer la arena, hasta los 20 m de profundidad.

Desde aquí una fuerte pendiente de arena se funde con el fondo, allá por los 45 m. Desde el punto de vista biológico, la zona de poniente es mucho más rica que la de levante comenzando por la vida bentónica y terminando por la pelágica. Las razones, entre otras, es que al estar en penumbra debido a su orientación, los cnidarios, briozoos y demás comunidades marinas son más abundantes, existiendo también muchos más peces .

Otra de las razones es que al estar al amparo del viento dominante (levante), está menos abatida. Y la tercera y última razón es que al estar expuesta a la vaciante, todas sus comunidades están mejor alimentadas por la abundancia de nutrientes. Sean cuales sean las causas, esta zona es posiblemente y en líneas generales, la más rica de la Isla de Tarifa. La caída desde el cantil suele ser espectacular, sobre todo la primera vez que la hacemos. Desde el borde del cantil componen el fondo grandes rocas en una pendiente, entre el tono amarillento de la arena y el verdoso-azulado de las aguas. algas rojas, verdes, moluscos, etc. Pero es en sus oquedades, donde el sol no llega, donde las esponjas de todos los colores tapizan las paredes: ascidias, peces, esponjas y toda una comunidad de vida. No nos va a hacer falta navegar mucho, para pasarlo bien. Los grandes bloques, a veces, forman grandes viseras donde comunidades como los borriquetes, que aquí son muy abundantes y de gran tamaño, se unen en cardúmenes respetables.

A veces las corvinas, los peces limón, pargos, meros, etc., aparecen ante nosotros, curioseando nuestros movimientos. Equinodermos, como las holoturias, podremos apreciarlas en casi todas sus variedades. Cefalópodos, representados por los pulpos, etc. Prosiguiendo con nuestro paseo, en dirección sur y a una profundidad de 25 m, nos encontraremos primero con un gran ancla de almirantazgo. No muy lejos de aquí y a unos 20 m de distancia, otro del mismo tamaño. Cada uno con sus correspondientes cadenas y totalmente tapizados de astroides y esponjas naranjas. A veces, algún centollo sobre el ancla, peina la corriente para alimentarse.

No lejos de aquí podremos observar un cepo romano de ocho cuartas, totalmente incrustado en la roca y reposando sobre el fondo. En este punto a unos 200 m de la “Piedra del Jabón”, el caos de bloques forma pasadizos grandes y estrechos. Las gorgonias blancas, rojas y amarillas, tapizan las paredes y una Dendrophilia ramea de gran tamaño, aparece escondida en una cueva. Ya en la misma punta de la “Marroquí” unos cables entrecruzados de acero posiblemente de un naufragio, nos avisa que estamos en la misma punta.

Pero antes de volver y sobre los doce metros de profundidad, vamos a poder ver una caldera junto a un ancla y otro ancla más grande aún, almirantazgo también.

DESCRIPCIÓN

Un viejo barco de vapor de hélice yace en la cara de poniente de la Isla. Los Tarifeños lo llamaron “La Cafetera”. Pocos son los datos que tenemos de este barco o barcos de vapor, ya que en los restos existen tres calderas. Podría tratarse de un vapor cargado de chatarra de desguace, cosa muy normal durante los primeros años del siglo XX, ya que los naufragios eran en la mayoría de los casos, aprovechados para su fundición.

De cualquier forma, creemos que los restos no son de un solo barco. La inmersión, está comprendida entre la “Punta del Hierro” y la “Piedra del Jabón” e incluye los siguientes puntos de la Isla: “La Vertiente”, “El sifón”, “La Puntilla” y “Laja del Sifón”. En líneas generales el casco del “Pecio de Las Calderas” se encuentra apoyado sobre grandes bloques, bastante roto, apreciándose con claridad, que está escorado sobre su banda de estribor. Puede ser visitado por debajo y ver su quilla.

LA INMERSION

El barco fondea a 10 m de profundidad, al amparo del mar y la corriente si existiera. Se trata, este lugar, de una pequeña ensenada de unos 50 m de longitud de punta a punta. La maniobra de equiparnos es muy cómoda en este pequeño remanso. El ancla queda a tan sólo unos metros de las primeras estructuras metálicas. Se trata bien de la proa del barco o restos de otro barco. El caso es que las cuadernas albergan multitud de vida pequeña. Podremos observar astroides, ascidias y en ocasiones puestas de sepias durante el invierno. En dirección sur y tras una gran roca, aparecen las dos primeras calderas. La de la derecha mas pequeña, apoyada parcialmente y rota, donde se pueden apreciar los tubos del interior por donde pasaba el agua caliente. Muy fácil es ver esta caldera con algún centollo, pero casi siempre tiene varias planarias azules. Por la parte posterior existen dos agujeros con fondo arenoso, donde viven algunas colonias de camarones limpiadores. En ocasiones se han visto ocupados por bogavantes. A la izquierda se encuentra la otra caldera, de unos 4 m de altura por 3 m de anchura. Está en un estado de conservación muy bueno, cubierta totalmente por algas rojas. La vida existente en esta caldera se encuentra en su base, donde en contacto con el fondo, forma cuevas con congrios, morenas, etc. A unos diez metros de las calderas se encuentra el bloque de la nave. Escorada hacia un lado, podemos navegar sobre su superficie dirección sur, hasta llegar a una zona donde el barco roto, se corta de repente, con la arena por debajo, formando una cueva. Se trata del final del pecio donde a 18 m de profundidad, son visibles las cuadernas de éste. Si optamos por ver la quilla, la visita la haremos de dos en dos buceadores, aunque generalmente cuando el fondo es visitado, no se puede entrar por la cantidad de partículas en suspensión que se levantan, incluso teniendo mucho cuidado. El casco está totalmente tapizado de astroides. En algunas partes han proliferado tanto, que su propio peso ha hecho que se desprendan algunas colonias. Sobre el fondo observaremos algún Torpedo marmorata, bogavante o quizás alguna huidiza brótola. Pero son las paredes de las rocas, las que de nuevo nos van a mostrar todo su colorido, especialmente en esta zona de umbría. Debajo del barco veremos tres salidas claramente iluminadas y de fácil acceso. Si volvemos a la entrada principal, la recomendación es seguir por la izquierda, desde donde por un talud se sube a una plataforma de arena. Si nos apostamos de rodilla sobre ésta, podremos preciar el barco casi en su totalidad. En la roca de nuestra derecha, si observamos dentro de las gorgonias, apreciaremos unos moluscos gasterópodos, de apenas dos centímetros llamados cipreas. A veces suelen verse colinas de varios ejemplares en la misma gorgonia. Prosiguiendo nuestra marcha y en dirección al pecio, nos podemos adentrar por su aleta de estribor, pudiendo observar contraluces de incalculable belleza, sobre todo después del mediodía. Un gusano muy especial y de dimensiones excepcionales, si lo comparamos con otros lugares de Europa, es el “gusano de fuego”, que justamente en esta inmersión lo veremos con bastante frecuencia. Una vez sobre la cubierta del barco y en dirección norte, veremos la mayor de las calderas, que pensamos es la que corresponde al pecio. Justo alrededor de ella aparecen numeroso ladrillos refractarios, correspondientes al horno. Estos ladrillos presentan una inscripción con la procedencia de la fábrica inglesa donde fueron hechos. A veces y después de fuertes temporales con mar de levas de poniente, suelen aparecer justo debajo de esta caldera. Pero esto tan solo ocurre en invierno y muy ocasionalmente.

DESCRIPCIÓN

“Los Pasillos”, “Las Calles” o “Los Corredores” son los nombres que se le aplica a esta parte de la Isla, en la cara de poniente, rica en grandes bloques. La zona está comprendida desde la “Punta del Hierro” a la “Piedra Movible” e incluye los siguientes puntos de la Isla: “Raja Pasante”, “Cueva del Viento”, “Tajos Rodantes”, “La Raja”, “Pico de Poniente” y “Piedra Movible”. Tiene una longitud de unos 150 m y es la zona más expuesta al poniente, donde la lenta erosión está horadando la Isla por debajo, con el consiguiente desprendimiento de bloques de enormes dimensiones.

LA INMERSION

Como se trata del saliente con más orientación a poniente, las mareas suelen ser más fuertes que en otros lugares de la Isla. Sobre todo en las vaciantes. De todas formas, aunque parezca imposible bucear con tiro de marea (fuerte corriente), una vez situado entre los bloques y sobre todo pegados a la Isla, la inmersión es muy agradable. Si bien en la creciente y los reparos, son los mejores momentos. Se trata de una de las inmersiones más divertidas de la Isla en cuanto a seguridad y biodiversidad nos referimos. LA INMERSIÓN El barco, suele fondear, justo delante de la “Cueva del Viento”. El ancla suele quedar situado a 10 m de profundidad. Ya desde arriba adivinamos los bloques, que casi afloran a superficie. Estos suelen ser planos por arriba y de lados verticales, asemejándose algunos de ellos a cubos de estructuras portuarias, confundiendo a veces a algunos buceadores. El caso es que, estos bloques están sobre el fondo arenoso, formando calles o pasillos entre ellos, dándole el nombre a la inmersión. Justo delante del barco y perpendicular a la Isla, se presenta la primera calle, de fácil acceso y que se desarrolla paralelamente a la Isla. En este corredor natural el agua suele estar muy transparente si tenemos la oportunidad de ser los primeros y no lo han visitado antes, aunque los buceadores no suelen hacerlo. La calle es de unos 8 - 10 m de profundidad. Suele ser un recorrido muy tranquilo, sin marea, donde las paredes verticales describen un paisaje inhóspito. A unos veinte metros y a la derecha, en lo mas profundo del corredor y pegado al fondo, aparece la “Cueva del Viento”. Con una entrada de unos 4 m de alta, por 8 m de ancho, está totalmente cubierta por una bóveda, no apreciándose el final, pero que girando a la izquierda, se observa la luz de la superficie de la Isla. peces tres colas aparecen reposando en las cornisas, durmiendo o escondiéndose ante nuestra presencia. Saliendo de la cueva, podemos continuar a la derecha. El pasillo se estrecha y se ensancha, existiendo varias salidas a la izquierda, por donde entraremos al laberinto de bloques. Es muy fácil despistarse en él, teniendo tan sólo la referencia de la profundidad o de la brújula. No olvidemos que la Isla está al este. A decir verdad, este caos de bloques alberga una de las comunidades de vida bentónica más interesante de Andalucía. Si comenzamos a observar desde el fondo y hacia arriba, donde los bloques tocan el fondo, se forman cuevas más o menos grandes, habitadas por brótolas, morenas, congrios, bogavantes, borriquetes, abadejos, etc. Las paredes están totalmente tapizadas de todo tipo de briozoos, cnidarios y moluscos. La pendiente continúa hasta los 22 m, donde las grandes rocas se van difuminando en la arena y perdiendo altura, volviéndose el fondo casi arenoso. A esta profundidad aparecen los bancos de bogas, los pargos y algunos cardúmenes de jóvenes borriquetes. Entre las rocas las lábridos se alimentan en las paredes, donde merodean algunos nudibranquios como el Hypselodoris orsinii, muy común en esta zona en el mes de mayo.

DESCRIPCIÓN

Buque de vapor que fue construido en Suecia a finales del siglo XIX. Carguero de unos 90 m de eslora por 10 m de manga y de tripulación Noruega. Barco de vida accidentada. Tiene su primer percance en el año 1923 cuando por una avería del timón, se le desestiba la carga y choca con otro carguero, el Pol Star. Siendo el rescate muy difícil y con el trágico balance de nueve muertos. Pero fue el 23 de Marzo 1928 cuando la vida de este buque termina después de dar con el casco en los “Bajos de los Cabezos”, hundiéndose en la “Playa de los Lances” a tan solo 300 m de la costa. Varias fueron las coincidencias: navegaba totalmente cargado, la marea era muy baja y un fuerte temporal de levante. Tres factores que llevaron al fondo su carga, pino rojo de California, junto con el barco. Nada sabemos de la tripulación, aunque por la cercanía a la costa, suponemos que se salvaron. Veinte años más tarde se inician los trabajos de reflote de la carga, pinos rojos marcados con las siglas URSS. Es comprensible que no se hiciera antes debido a la cercana Guerra Civil y posguerra. La recuperación de la madera fue realizada por los buzos catalanes Luis Rovira y Juan Llinbernat, verdaderos vanguardistas del buceo. Ambos fueron apoyados en superficie por el buque Mari Sari, que poseía grúas para el embarque de la madera a bordo. En la actualidad el Citus, “Barco de las Maderas” o “Barco de las Gorgonias”, descansa en un fondo arenoso sobre su banda de estribor, a una profundidad de 32 m con su proa enfilada hacia el sudoeste, siendo su conservación bastante buena. Al haber sido dinamitado desde sus bodegas, podemos diferenciar dos grandes zonas: la proa y la popa y entre las dos un gran hueco producido por la dinamita. La mejor época para visitar el pecio son los meses comprendidos entre agosto y marzo, ya que durante la primavera “La Almadraba” de Tarifa lo abarca en tu totalidad (siendo “La Almadraba” el arte tradicional de la pesca del atún empleada en estas costas desde época romana).

LA INMERSION

Siempre lo más fácil es hacerlo con un centro local de buceo, ya que son conocedores del lugar, mareas, etc. Este dato es siempre muy importante a la hora de planificar la inmersión. El barco fondea en las proximidades del pecio, si bien lo más práctico es fondear sobre él para garantizar que el ancla no garree. La primera vez que se realiza esta inmersión es recomendable hacer un recorrido superficial a lo largo de todo el pecio, con el fin de hacernos una idea global del mismo. En inmersiones posteriores podremos introducirnos en sus bodegas e inspeccionarlo con más detalle. Destacamos la cubierta totalmente poblada de gorgonias rojas (Paramuricea clavata) en sus variedades de color rojo y amarillo, que con frecuencia superan los 50 cm. Sobre las gorgonias, a veces, se encuentra el equinodermo Astropartus mediterraneus y entre estas, alguna Dendrophilia ramea. En cuanto a estructuras del barco son dignas de destacar: las calderas, el eje, la hélice y en la proa las anclas danforth. Los peces son muy abundantes, como en cualquier parte de esta zona, destacando los grandes bancos de peces tres colas, bogas, besugos, sargos y en el fondo salmonetes. Ocasionalmente peces San Pedro merodean por el fondo. Las tembladeras (Torpedo marmorata) son muy abundantes, así como las escórporas, pargos, etc.

DESCRIPCIÓN

Corrían los años 70 del siglo XX, cuando un medio día, apareció la figura de este desafortunado buque en el horizonte del Atlántico andaluz. Se trataba de uno más, que al día siguiente iba a ser engullido literalmente por el mar. Cosa que ocurrió, muy cerca de su predecesor el “Citus”, que tan solo se encuentra a doscientos metros de él cerca de la “Playa de Los Lances”, como casi siempre a sotavento del fuerte levante, que tan familiar es para nosotros. Situado a una profundidad de entre los 29 y los 33 metros y apoyado sobre su banda de babor, reposa este vestigio de nuestra cultura contemporánea. El pecio se encuentra intacto. Tan solo presenta un fuerte impacto en su proa, lo que nos hace suponer que tuvo una fuerte colisión con otro buque que desconocemos. El caso es que es uno de los pecios mejor conservado del litoral andaluz occidental y los buceadores lo solemos visitar durante los meses de estío, es decir, cuando levantan “La Almadraba”. Como siempre, en estas aguas abiertas a merced de las corrientes se debe bucear en los reparos, a ser posible durante el reparo de la vaciante, ya que si la creciente nos sorprende, el tiro sería a tierra y no hacia el Estrecho. Por lo tanto debemos tomar todas las medidas de seguridad posibles y entre ellas estaría utilizar dos barcos para realizar esta inmersión. Un barco fondearía y el otro permanecería a la espera, por si fuera necesario.

LA INMERSION

Es aconsejable para buceadores de al menos dos estrellas o avanzados, con alguna experiencia en pecios. Y en su caso, lo recomendable es que sean guiados, ya que es fácil y probable entrar en descompresión. Fondeamos muy cerca del pecio para evitar que el ancla destruya estructuras del mismo y vida como corales, gorgonias, astroides, etc. La inmersión siempre la hacemos por el cabo de ancla, en grupos reducidos de cuatro a seis buceadores, de forma que cuando el primer grupo está en el pecio, los demás se están preparando, para tratar de no coincidir en los mismos lugares. Empezamos por la proa, situada en dirección sur. Un gran amasijo de hierros precede a la cubierta, que totalmente abierta, nos da paso a las bodegas. En ellas podremos, siempre dependiendo de la época, observar cardúmenes de corvinas de considerable tamaño. Más adelante están las salas de máquinas, visitables sólo por expertos buceadores. Una vez sobre el puente, que se encuentra intacto y escorado en armonía con el buque, observaremos peces tres colas, bogas y boquerones, pero tampoco entraremos en él por razones de seguridad. Disfrutaremos de todo un espectáculo de vida y colorido. En la popa, podremos apreciar todos los elementos de un buque claramente definidos: su gran hélice, el timón, la quilla y el casco. Navegaremos a través del casco para llegar a la proa, que es donde se encuentra el ancla, y en nuestro divagar submarino apreciaremos varios torpedos que huyen de nuestra presencia. Ya casi en la proa y en la intersección de la quilla con la arena, apreciamos tres abadejos que nos observan desde dentro. El tiempo se nos acaba y comenzamos el lento pero obligado ascenso hacia la superficie. Sin dejar de mirar al fondo apreciaremos como el pecio de 50 m de eslora se transforma en una oscuridad difusa que nos entristece y nos llama a otra inmersión para conocerlo aun un poco más.

DESCRIPCIÓN

Unas rocas en la misma playa de “Los Lances”, anuncian su comienzo.

LA INMERSION

Existen unas nueve calles como esta, aunque tan sólo buceamos en una de ellas. Se trata de estratos verticales de arenisca, que afloran desde el fondo en forma más o menos vertical, desde los 18 m a los 12 m de profundidad. El barco fondea sobre un estrato de una de las calles. El ancla se sitúa a doce metros aproximadamente, normalmente visible desde el comienzo de la inmersión. Desde este punto podemos ver dos calles claramente definidas, a derecha e izquierda. Sobre el estrato hay dos vertientes, una vertical y otra que se desliza suavemente hacia la arena. Aunque la más interesante es la que cae en vertical, la otra puede depararnos alguna sorpresa. La pared tiene unos 5 m de altura, totalmente tupida de esponjas rojas (Crambe crambe) dándole un aspecto alfombrado y de fuerte colorido, mientras los astroides buscan un hueco donde ubicarse entre ellas. A la vez que gorgonias Eunicella singularis, decoran el fondo y la pendiente con pinceladas blancas. El fondo en principio rocoso, está formado por lascas que se han desprendido de la pared, formando oquedades entre ellas y entre las que podemos ver algún mero escondido, un abadejo o una gallineta sobre la arena, y si buscamos incluso algún torpedo. A veces algún pez San Pedro, o un cochinillo solitario merodea por el entorno. Si navegamos dirección oeste, es decir, por la pared buscando más fondo y por la base de ésta, no tardaremos en encontrarnos con anclas de diferentes formas y tamaños. En forma de U en forma de V, cepos romanos, almirantazgos, rezones, etc. Muchos fueron los que aquí fondearon y perdieron sus lastres. Hasta el siglo XIX, la Isla estaba separada del continente por una lengua de mar. Los galeones y otros navíos, cuando se veían sorprendidos por el levante, se refugiaban a sotavento de la Isla (zona en cuestión) fondeando y a veces perdiendo sus anclas. La pared tiene numerosas oquedades donde cohabitan ascidias, peces ventosa, cardenales, gambas rojas, etc., y en alguna cueva mayor, algún mero o una langosta. Pero es en los rotos donde la vida se diversifica en todas sus facetas, ofreciéndonos un alto en el camino a la vez que dejamos de aletear y disfrutamos del lugar. No olvidemos que estas calles no son muy conocidas y se encuentran casi vírgenes por la mano del hombre. No debemos despistarnos en estos corredores, ya que un cambio de calle nos desorientaría con el consiguiente nado durante la vuelta al barco. Aunque la pared nos va ir dando numerosas sorpresas, debemos de volver en el momento adecuado (120 bares) para que la vuelta sea segura. Si no queremos volver por el mismo sitio, una buena idea es hacerlo por encima de la pared, donde veremos equinodermos, pepinos de mar, escribas y erizos. Observaremos sobre todo bancos de bogas que coronan las crestas de las calles. Sorprendiéndonos a veces por los destellos plateados de los cardúmenes. El ancla aparecerá sobre la roca, mientras compañeros irán apareciendo del “Azul” para el destino final, el barco.

DESCRIPCIÓN

Pocos son los datos que conocemos de este Pecio. Vapor de unos 50 metros de eslora, que según consta en archivos, no se desguazó. Pero que en cualquier caso, si se encuentra volado y utilizada su chatarra, como filón de hierro.

Al tratarse de un Pecio en Aguas Abiertas. El buceo debe practicarse siempre durante el reparo bien de Pleamar o de Bajamar. Preferiblemente la de Bajamar, aunque la visibilidad sea menor.

LA INMERSION

Fondeamos en las cercanías del Pecio, al ser posible sobre uno de los dos cantiles que lo acoge y que forman una calle.

Descendiendo, adivinamos en el azul unos hierros bastante esparcidos en el llano arenoso y amarillento. Aunque la forma del Pecio no es apreciable, a simple vista, podemos adivinar por la situación de la crujía del barco, que la proa se encuentra hacia el Levante.

Una formación férrea, destaca entre todas, se trata de la caldera, que con su forma de “pipa invertida” se diferencia de las que conocemos en la isla de Las Palomas. Todas las estructuras metálicas están cubiertas por vida bentónica, tanto en fauna como en flora. Los mas destacados son los Astroides calycularis, que lo poblan en su totalidad, y en la penumbra. Las gorgonias blancas, por doquier, pero las rojas de porte pequeño adornan las estructuras de hierro, sobre todo en la caldera, donde toman su mayor tamaño.

El hecho de que el Pecio esté dinamitado es bastante compresible y lógico. Ya que a principios del siglo XX, los medios técnicos, que existían, eran muy limitados. Por lo que, cuando se producía un naufragio, la extracción del hierro era inminente. Procediéndose y seguramente años mas tarde, a la voladura del Pecio y a la extracción de la chatarra, sobre todo en los años 50. Justo después de la posguerra y cuando el submarinismo, tanto hombres como equipos, estaban en sus comienzos.

Si podemos desviar la vista de nuestra obvia curiosidad, ya que se trata de un barco muy singular. Y nos asomamos en las oquedades que forma la chatarra sobre al arena, fácilmente es encontrarnos con langostas, bogavantes, meros, etc.

Pero como seguramente y sobre todo, en nuestra primera inmersión, lo que querremos es conocer el pecio. Seguiremos por navegación natural, las estructuras del buque y llegaremos a la Popa , donde la hélice y el timón descansan sobre el fondo, y sobre su banda de estribor.

La forma de la Hélice, es bastante singular, de unos 3 mtrs de diámetro, con sus palas dinteladas. Lo que nos hace suponer que no fueron fundidas en una sola pieza, sino que, lo hicieron por partes y montadas posteriormente.

Vistas las estructuras, en general, y situados físicamente sobre el. Podemos dedicarnos a ver en particular las partes y la vida que los cubre.

Pero es en los aledaños del Pecio y sobre todo en el pequeño estrato, que se levanta hacia el este. Donde un par Gorgonias amarillas y de gran porte, se agarran al sustrato rocoso y perpendicular a la corriente.

La vuelta al barco de superficie, es bastante sencilla. Ya que seguramente, desde nos encontramos, veamos el cabo de fondeo.

DESCRIPCIÓN

El 25 de Noviembre del 1910 el CAKMOOR, se hundía en las aguas de Tarifa.Se trata de un Carguero ingles, de 60 mtrs, propulsado por hélice de cuatro palas y máquina de vapor.Se encuentra reposando sobre un fondo plano y mixto a una profundidad de 30 mtrs. con la pleamar.Siempre es agradable bucear en un Pecio, pero aún mas cuando los que lo han visto han sido pocos, siendo su estado muy bueno.

La proa del Buque esta orientada hacia el NE. De lo que se deduce que en el momento de la catástrofe posiblemente soplaría el Viento dominante del Estrecho, el Levante.

El barco, después de un siglo, obviamente está oxidado y las cubiertas superiores se han ido desprendiendo sobre las inferiores. Viéndose un casco semienterrado en el fondo, con las cuadernas a modo de costillas orientadas hacia la superficie.

Como es usual a estas profundidades lo aconsejable es bucear con nitrox 32, para tener al menos una buena inmersión.

En líneas generales el Pecio es muy vistoso no solo por la riqueza de su biotopo sino también por su intacta conservación.

La vida es muy abundante, predominando los Borriquetes, sobre los sargos picudos y breados; centollos, meros etc.. Los restos en general estan cubiertos de una rica y densa vida bentónica. Astroides calycularis,algas rojas ( Asparragopsis armata), ascidias(Aplidium conicum y Aplium proliferum ) y colonias de gusanos Filograna sp. pueblan las zonas mas obcuras del Vapor

Pero es sin duda su Codaste y Hélice lo mas emblemático del Pecio, que parece testimoniar como estaba éste en el momento de su hundimiento. Estos se encuentran erguidos y el timon que reposa junto a estos. Lo que peor se han conservado son sus aletas, que reposan desmenuzadas sobre el fondo.

Las dos bandas bien visibles nos orientan de la manga del Buque. La Caldera y Cilindros en la crujía nos muestran con claridad del funcionamiento de la Helice.

La Roda, bien visible y caida hacia babor nos orienta del puntal, así como su Proa vertical y cortante que tendría este Vapor, que necesariamente tenemos que abandonar, y que hemos visitado de forma temporal. El nitrox 32 se termina y el ordenador nos avisa que nos faltan 5 minutos para entrar en deco.Es hora de subir.

Agradecer a Miguel Blanco por llevarnos desinteresadamente a este Pecio , porque sin su ayuda no hubieramos podido disfrutar de esta página viva del pasado.

DESCRIPCIÓN

Se trata de la continuación de los bloques anteriores, hasta el “Foso” o el mal llamado “Muelle Fenicio”. Gracias a la ausencia de corrientes, se puede bucear a cualquier hora del día en este lugar. No muy visitado por buceadores, “El Placer del Macro” está comprendido entre la “Piedra Movible” y “Piedra del Besugo”. Entre estas piedras se encuentra la “Laja de Fuera”, la “Laja de Tierra” y “El Cambuzón”.

LA INMERSION

El Barco fondea a 4 m de profundidad, sobre el laberinto de bloques. Justo encima de una gran roca con forma de cráter volcánico. En la Isla, un nido de ametralladoras sobre un gran diedro, nos da la marcación exacta del fondeo. Se trata de un lugar sombrío, donde la luz llega de muy tarde en tarde, tan sólo en los meses de verano. Posiblemente sea una de las razones de la existencia de una gran cantidad de vida pequeña en este lugar. Mientras bajamos por el cabo del fondeo, observamos que el caos de bloques es de gran tamaño y deja entre ellos una serie de corredores pequeños, compuestos por multitud de rocas que tapizan el suelo. Más hacia el oeste, el fondo cae levemente, hasta los 12 m de profundidad, donde se transforma en llano. Luego, nuevamente sube y vuelve a caer hasta los 18 m. Mucha es la vida que aquí habita, obviamente por la ausencia de corrientes. De esta forma, la frágil vida pequeña como son los nudibranquios, están a su antojo. Podríamos enumerar muchos de estos nudibranquios que habitan en esta zona de la Isla, pero sería una larga lista interminable. En general, las esponjas negras albergan a los Hypselodoris orsinii en época estival. Los Chromodoris purpurea podemos encontrarlos, sobre todo al final el verano, en las repisas de los bloques. Los Doriopsilla areolata, sobre las algas rojas, y así un largo etc. Es decir, están garantizados nudibranquios en casi toda la inmersión. Si tomamos rumbo oeste el fondo arenoso vuelve a subir hacia una cresta, que posteriormente cae en extraplomos. No es ni más ni menos que la prolongación de la “Laja de Tierra” y la “Laja de Fuera”, que continúa sumergida con rumbo sudoeste sin adivinar su final. Sobre esta pared tenemos que tener cuidado con la vaciante, porque aquí si que es peligrosa. Pero si la marea nos acompaña, podremos ver un gran almirantazgo, incrustado en la cresta de la pared. Seguramente un navío, refugiado de un fuerte temporal de levante, lo perdió sin poder recuperarlo. No es fácil verlo ya que se encuentra en una de las crestas del cantil y dentro de una oquedad. Desde este punto podemos comenzar el regreso al barco pues, seguramente el manómetro nos dará una presión de unos 100 bares. Lo más aconsejable es continuar por la pared dirección a la playa, hasta llegar a los 6 m, la superamos y estaremos sobre el barco o muy cerca de él. Durante todo este camino la pared, en su gran mayoría, es extraplomada albergando mucha vida pequeña. Pero es en los bloques desprendidos de la misma, donde algunas escórporas de gran tamaño suelen esperar sobre el fondo y cerca de su guarida, a alguna presa. Si nos abrimos por la arena, sin dejar de ver la pared, algún torpedo merodea por los alrededores, lenguados, arañas, etc., y dependiendo de la época del año, alguna sepia, si bien los pulpos lo están durante todo el año.

DESCRIPCIÓN

No muy lejos de la Isla de Las Palomas, se encuentra este Vapor de Hélice. Vestigio del pasado que sin duda va a sorprendernos.

El Pecio se encuentra a una profundidad de 10 mts y paralelo a la Costa. Es por ello que creemos que estuvo encallado en la Arena por algún tiempo, hasta que lo desguazaron y pereció finalmente en el fondo del océano.

LA INMERSION

Fondeamos junto a él, en la Arena. Aunque casi siempre se puede Bucear, es preferible que lo hagamos en reparo o al antes de los repuntes de marea. De cualquier forma, si tuviéramos alguna corriente, en el momento del fondeo, con esperar un poco nos basta.

Varios Peces Ballestas, o cochinos en Tarifa, nos reciben, subiendo a la superficie como para querer saludarnos. Los restos son perceptibles desde la superficie, así que una larga inmersión nos espera.

Ya bajando por el fondeo, restos de hierro sobresalen de al arena, haciéndolo muy visible, por el contraste entre el claro de la arena y el color oscuro del Pecio.

Dependiendo de la marea si existiera podemos empezar la visita por la proa o por la Popa.

Si lo hacemos por la Proa; ésta rota, a la altura de las Amuras, asimilándose su forma a una pirámide que apunta al cielo, en ella podemos apreciar claramente su roda y las bitas, así como parte de la cubierta. Esta es muy fina, dándonos una idea de la forma del Vapor, fino y elegante con su proa vertical, típica de los Barcos de su época.

Avanzando hacia el Este van naciendo del fondo arenoso restos de cuadernas, mamparos, etc., que van aumentando de tamaño y de volumen, hasta llegar al motor y bancada. Si nos fijamos en ella, dos grandes bielas, ensambladas al eje, asoman y se clavan en la arena. La Caldera y pistones no se encuentran, de lo es deducible que, durante el tiempo que duró la embarrancada, estos fueron extraídos. Desde aquí un gran tubo de mas de 1 mtr. de diámetro, a veces roto, a veces no, recorre el fondo, hasta llegar a la hélice. Se trata de una funda protectora del eje, para que los operarios en la sala de máquinas, pudieran trabajar sin accidentes.

Tengamos en cuenta, que estos Vapores, además de la Carga que tenían que transportar, debían llegar consigo agua suficiente y carbón o leña, para su desplazamiento, lo que los hacía buques pesados con poca maniobrabilidad, ruidosos y sin elementos actuales de Navegación. Haciéndolos muy frágiles a cualquier temporal.

Una vez en la Hélice, nos va a sorprender no solamente por su tamaño, sino también por su original posición, clavada en la arena y en vertical.

Más atrás, la Popa, bastante rota, pero claramente apreciable, por su forma redondeada y repartida. Mirando hacia la derecha, restos de una gran grúa con su anclaje en la base nos demuestra que se trataba de un carguero.

LA FAUNA

Por tratarse un Pecio en Arena, además de la rica bentónica, tenemos que añadir la propia de la arena.

Lo más destacado son los Ballestas ( Balistes caralinensis ) que siempre nos curiosean, conservando una cierta distancia prudencial. El resto de la Fauna está concentrada en el Eje de la Hélice.; doncellas, pajeles, sargos, salmonetes, torpedos, congrios, podas, lenguados, etc. Y otra más pequeña, pero no menos importante, la bentónica: ascidias, esponjas, cnidarios, como la Anémona sulcata, briozoos, etc., poblan el interior del tubo, haciéndolo muy vistoso a la observación. Después de más de una hora de inmersión, volveremos a la superficie, con ganas de volver a estos retos, que siempre esconden algo nuevo para descubrir.